La cabaña ganadera ovina y caprina en España continúa inmersa en una tendencia descendente que se ha consolidado durante las últimas dos décadas
Según los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el sector ha experimentado una reducción progresiva tanto en número de explotaciones como en cabezas de ganado, aunque mantiene un papel relevante dentro de la producción ganadera nacional.
En el caso del ovino, España ha pasado de censos superiores a los 20 millones de animales en décadas anteriores a situarse en torno a los 13–14 millones de cabezas en los últimos años, con una clara tendencia a la baja desde mediados de los años 2000. Este descenso acumulado supera ya el 40 % en comparación con los niveles históricos, lo que refleja una transformación estructural profunda del sector.
En paralelo, el caprino ha mostrado una evolución más estable, aunque también con ligeros retrocesos. El censo se mantiene en torno a los 2,3–2,5 millones de animales, con variaciones anuales asociadas a factores de mercado, costes de producción y cambios en la orientación productiva de las explotaciones.
Menos explotaciones y mayor concentración
El descenso de la cabaña no solo afecta al número de animales, sino también al tejido productivo. Los datos del MAPA muestran una reducción continua del número de explotaciones ovinas, que en 2025 se situaron en torno a las 110.000, con una caída interanual cercana al 1,5–2 %.
Esta tendencia refleja un proceso de concentración del sector, donde las explotaciones más pequeñas desaparecen o se integran en estructuras más grandes y profesionalizadas. Al mismo tiempo, se observa un desplazamiento geográfico hacia regiones con mayor tradición ganadera extensiva, como Extremadura, Castilla-La Mancha o Castilla y León.
Factores detrás del descenso
El retroceso de la cabaña ovina y caprina responde a múltiples factores estructurales. Entre los más relevantes destacan:
- Falta de relevo generacional, con un envejecimiento progresivo de los titulares de explotaciones.
- Baja rentabilidad en sistemas extensivos, especialmente en comparación con otros modelos productivos.
- Aumento de costes de producción, especialmente en alimentación, energía y sanidad animal.
- Abandono del medio rural, que afecta directamente a las zonas tradicionalmente ganaderas.
- Mayor presión normativa y sanitaria, que incrementa las exigencias de manejo y control.
A estos factores se suma la competencia de importaciones y cambios en los hábitos de consumo, que han reducido la demanda en algunos segmentos tradicionales del mercado.
Impacto en el territorio y el modelo productivo
El MAPA subraya que, a pesar del descenso, el sector ovino-caprino sigue desempeñando un papel clave en la vertebración del territorio rural, especialmente en zonas de montaña y de baja densidad poblacional. La ganadería extensiva contribuye al mantenimiento de ecosistemas, la prevención de incendios y la conservación del paisaje.
Sin embargo, la reducción del número de explotaciones plantea desafíos importantes en términos de sostenibilidad territorial. La pérdida de actividad ganadera en determinadas áreas puede acelerar procesos de despoblación y abandono de tierras agrícolas.
Un sector en transformación
Pese a la caída en el número de animales, el sector ovino y caprino ha mostrado capacidad de adaptación. En los últimos años se ha producido una mayor orientación hacia la calidad, la diferenciación de productos y la exportación, lo que ha permitido compensar parcialmente la reducción del volumen productivo.
Según el propio MAPA, el sector representa en torno al 10 % de la producción final ganadera, lo que confirma su importancia económica dentro del conjunto del sistema agrario español, aunque con un peso decreciente en términos absolutos.
Perspectivas de futuro
El descenso de la cabaña ovina y caprina plantea un escenario complejo a medio plazo. Por un lado, la reducción de efectivos puede interpretarse como un ajuste estructural hacia modelos más eficientes y profesionalizados. Por otro, genera preocupación sobre la continuidad del modelo extensivo tradicional, especialmente en zonas rurales vulnerables.
Las políticas agrarias actuales, incluidas las ayudas de la PAC, buscan frenar este proceso mediante incentivos a la ganadería extensiva, el apoyo a jóvenes ganaderos y la mejora de la rentabilidad del sector. Sin embargo, los resultados dependerán en gran medida de la capacidad del sistema para garantizar la viabilidad económica de las explotaciones.
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La cabaña ovina y caprina en España atraviesa un proceso de reducción sostenida que refleja cambios profundos en la estructura del sector ganadero. Aunque el MAPA destaca la resiliencia del modelo y su importancia territorial, los datos evidencian una tendencia clara de descenso que continúa en 2026. El reto para los próximos años será equilibrar la necesaria modernización del sector con la preservación de su papel económico, social y ambiental en el medio rural español. |
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