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IMPACTO DE LA BESNOITIOSIS EN EL SISTEMA DE VACA NODRIZA

La besnoitiosis bovina está causada por el protista apicomplejo formador de quistes tisulares Besnoitia besnoiti.

El parásito se transmite por contacto directo (durante la monta natural) o a través de vectores artrópodos hematófagos (tábanos o Stomoxys spp.) (Figura 1). En España, esta enfermedad está presente en prácticamente todas las zonas donde hay vaca nodriza, tanto en el sistema de dehesa como en el de montaña, a excepción de la cornisa cantábrica.

Los elevados valores de seroprevalencia de rebaño (87%), intra-rebaño (15,1%-95,7%) y de prevalencia individual, tanto serológica como clínica (50%), obtenidos en los Pirineos demuestran la elevada diseminación de la infección y de la enfermedad en las áreas donde la enfermedad es endémica (Gutierrez-Exposito, 2016).

El censo del ganado vacuno de carne en extensivo se ha incrementado en los últimos años con el fin de favorecer el desarrollo de zonas rurales, ya que contribuye a fijar la población y potencia el aprovechamiento sostenible de los ecosistemas de montaña y dehesa.

Sin embargo, uno de los principales retos es la mejora de la fertilidad con una tasa anual en torno al 70% y por debajo de la media de la UE (86%) (González-Rodríguez F., 2016).

En la actualidad, una de las principales enfermedades transmisibles que afectan a la fertilidad de la vaca nodriza es la besnoitiosis bovina, ya que produce esterilidad en los machos. La besnoitiosis está ampliamente diseminada en el sistema de vaca nodriza de nuestro país, ya que coexisten numerosos factores de riesgo que han favorecido su diseminación en las últimas décadas, como:

La falta de control sanitario de las entradas

La monta natural

El empleo de pastos y sementales comunales

La ausencia o mala conservación del vallado perimetral

La presencia de vectores

En estos sistemas el semental cobra especial importancia ya que la reproducción suele realizarse mediante la monta natural.

De hecho, el semental representa tan solo un 3-5% del efectivo de la granja (Gutiérrez- Expósito, 2016), pero es el responsable del 50% de la fertilidad de una ganadería (Serrano, M., 2014).

Las vacas nodrizas suelen ser de razas autóctonas muy rústicas y adaptadas al territorio y para incrementar sus producciones en las tres últimas décadas se han ido introduciendo sementales mejorantes de las razas charolesa y limusina en las explotaciones.

La selección se ha basado en parámetros genéticos y productivos dejando en un segundo plano la sanidad, lo cual ha favorecido la introducción de enfermedades como es el caso de la besnoitiosis bovina, ya que con frecuencia los sementales proceden de regiones o países donde la enfermedad es endémica y no se realiza una adecuada valoración sanitaria del semental.

SIGNOS CLÍNICOS DE LA BESNOITIOSIS

  FASE AGUDA  

Tras la infección y un periodo de incubación variable (hasta 2 semanas) la enfermedad comienza con una fase aguda en la que se diferencian:

Fase febril (3 a 10 días): cursa con signos clínicos inespecíficos (hipertermia, abortos, linfoadenomegalia superficial, pérdida de peso, etc.).

Fase de edemas o anasarca causada por el aumento de la permeabilidad vascular producida por la rápida multiplicación del parásito.

Estos edemas son visibles inicialmente en cabeza y cuello y, posteriormente, en las zonas declives del cuerpo (extremidades y escroto). Los machos pueden llegar a desarrollar orquitis, aunque en esta fase puede pasar desapercibida en muchas ocasiones (Álvarez-García et al., 2014).

  FASE CRÓNICA  

Durante la fase crónica o fase de escleroderma, el parásito se multiplica lentamente en el interior de quistes tisulares presentes en el tejido conjuntivo de la piel, la esclerótica, el epidídimo en machos, y vestíbulo vaginal y vagina en hembras (Figura 2).

Tras la desaparición de los edemas, se produce un engrosamiento progresivo e hiperqueratosis de la piel, alopecia, cicatrices y nódulos en las ubres.

Los machos pueden presentar engrosamiento de la piel del escroto y atrofia testicular. De hecho, en los machos la principal consecuencia de la infección es la esterilidad que se produce tanto durante la fase aguda como la crónica (Gónzalez-Barrio et al., 2020; González-Barrio et al., 2021).

En las explotaciones afectadas predomina la presencia de animales con una infección subclínica mientras que el número de animales con signos clínicos y lesiones es tan solo la punta del iceberg.

 

DIAGNÓSTICO DE LA BESNOITIOSIS

Ante una sospecha de besnoitiosis en la explotación debe evaluarse la calidad seminal de los sementales y realizarse una adecuada inspección clínica de todo el efectivo.

En la inspección clínica buscaremos los signos clínicos compatibles con la fase aguda (p. ej. fiebre y orquitis) y crónica (lesiones en piel y quistes en conjuntiva o vulva).

El diagnóstico de laboratorio se emplea para confirmar el diagnóstico presuntivo y, para ello, en la práctica se recomienda recoger muestras de sangre para la detección de anticuerpos específicos frente a B. besnoiti mediante las pruebas ELISA y Western Blot (este último en caso de resultados dudosos o animales valiosos) (Gutierrez-Expósito et al., 2017).

La realización de una biopsia de un área de piel afectada en los casos de besnoitiosis crónica también resulta de utilidad para la confirmación del diagnóstico de un caso clínico.

El control es en la actualidad un desafío debido a que no existen vacunas autorizadas en la UE ni tratamientos eficaces y, por ello, se limita únicamente a medidas de manejo basadas en un diagnóstico preciso y temprano sin olvidarse de las medidas de bioseguridad (biocontención y bioexclusión).

En las explotaciones libres de la enfermedad lo más adecuado es:

1. La realización de una inspección clínica y un análisis serológico de las nuevas entradas

2. Respetar un periodo de cuarentena

3. Inspección clínica de los animales antes y después de la entrada a pastos comunales en las zonas endémicas

(Álvarez-García et al., 2013)

En el caso de que la enfermedad ya esté presente en la explotación:

Se recomienda el diagnóstico clínico y serológico de todo el efectivo junto con el análisis de la calidad seminal antes del periodo de cubrición en los sementales.

Se recomienda el sacrificio de los animales gravemente afectados, de los toros subfértiles o estériles, así como la separación y el manejo reproductivo en dos lotes separados físicamente (uno de animales seropositivos y otro de seronegativos) (Álvarez-García et al., 2013; Gutiérrez-Expósito et al., 2017; Collantes-Fernández et al., 2018).

El diseño del programa de control debe estudiarse en cada caso y realizarse en función de la situación epidemiológica y de las posibilidades logísticas de cada explotación.

El éxito es posible, pero depende de la situación sanitaria de partida, de los objetivos establecidos y de las medidas aplicadas.

A continuación, presentamos el primer estudio donde se ha implementado y evaluado la eficacia de un plan de control en un sistema de dehesa.

PRIMERA EXPERIENCIA DE UN PLAN DE CONTROL DE LA BESNOITIOSIS BOVINA

CASO CLÍNICO

Nuestro estudio se realizó en una ganadería de vaca nodriza en un sistema de dehesa ubicada en la Comunidad Autónoma de Extremadura. El censo inicial de la explotación era de 163 animales: 156 hembras reproductoras de raza mestiza y 7 sementales de raza limusina.

Ante la sospecha de un caso de besnoitiosis crónica en uno de los sementales por la presencia de lesiones en la piel (Figura 3), en primer lugar, se realizó simultáneamente una inspección clínica y se evaluó la fertilidad de todos los sementales del rebaño.

Para evaluar la fertilidad se midió el perímetro escrotal y se determinó la calidad seminal.

El semen se recogió mediante electroeyaculación y en el espermiograma se evaluaron los siguientes parámetros: (Tabla 1):

Concentración espermática (espermatozoides/μL)

Movilidad individual (%)

Calidad de movimiento (0-5)

Espermatozoides normales y formas anormales

Se recogió sangre de todos los sementales y de todas las hembras para la detección de anticuerpos IgG específicos mediante ELISA (BbSALUVET ELISA 2.0) y Western blot (García-Lunar et al., 2013; 2017).

Los parámetros estimados para la monitorización de la infección y de la fertilidad en la explotación antes y después del plan de control fueron:

La tasa de prevalencia

El intervalo entre partos (IEP)

La fertilidad

La situación sanitaria y los datos reproductivos de la explotación al inicio del estudio fueron los siguientes:

De los siete sementales presentes en la explotación, cinco fueron declarados no aptos (presentando lesiones compatibles con una besnoitiosis crónica), mientras que solo dos resultaron ser fértiles.

En el caso de las hembras, se diagnosticaron 51 seropositivas y 105 seronegativas y ninguna presentó signos clínicos ni lesiones compatibles con la enfermedad.

La fertilidad en la fecha de inicio del estudio (marzo de 2018) fue del 36,7% y el intervalo entre partos (IEP) fue de 524 días.

Las lesiones observadas, el diagnóstico serológico y la esterilidad de los toros seropositivos, junto a la baja fertilidad del rebaño confirmaron la presencia besnoitiosis en el rebaño y que esta podría ser una de las principales causas de su baja fertilidad.

PLAN DE CONTROL

Para controlar la besnoitiosis y mejorar la fertilidad de esta explotación, se tomaron las siguientes medidas (Figura 4) en función de la situación sanitaria inicial y de las posibilidades de la explotación, y teniendo en cuenta una serie de consideraciones.

Consideraciones previas que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar e implementar un plan de control:

1. A la hora de iniciar un plan de control, es recomendable realizar previamente un diagnóstico clínico y serológico simultáneo de todo el rebaño.

2. Las medidas de control deben implementarse inmediatamente después del análisis de todo el efectivo para evitar nuevas infecciones. En caso contrario, se recomienda repetir el diagnóstico clínico y serológico de los animales seronegativos justo antes de iniciar el plan de control para detectar nuevas infecciones.

3. Se deben eliminar aquellos animales con signos clínicos o lesiones e improductivos.

1. Se eliminaron cinco sementales estériles y un semental fértil seropositivo. El único semental fértil seronegativo se mantuvo en el rebaño.

2. Se separaron físicamente las hembras seropositivas de las seronegativas en dos rebaños gracias a la disponibilidad de una amplia superficie de terreno.

Las hembras seropositivas se cebaron para enviarse posteriormente al matadero, mientras que las seronegativas se mantuvieron en la explotación y su manejo reproductivo se realizó mediante inseminación artificial durante el primer año. La inseminación artificial permitió evitar nuevos contagios por contacto directo durante la monta natural.

3. Se realizaron análisis serológicos periódicos a lo largo del estudio (aproximadamente cada seis meses) de la recría y de las reproductoras seronegativas. Para ello, se utilizaron técnicas de diagnóstico validadas y con una elevada sensibilidad (BbSaluvet ELISA 2.0 y Western blot), para detectar de forma temprana el mayor número de animales infectados y con elevada especificidad para no diagnosticar falsos positivos y así evitar el sacrificio de un animal no infectado.

4. Se introdujeron nuevos sementales con un examen físico, reproductivo y serológico previo cuando en la explotación ya no había ningún animal seropositivo a lo largo del segundo año del plan de control.

El plan de control fue eficaz, al obtenerse una tasa de prevalencia intra-rebaño del 0% y una mejora en los índices reproductivos en un periodo de tiempo inferior a dos años.

Los parámetros reproductivos mejoraron de forma significativa al disminuir el IEP a 429 días e incrementarse la fertilidad hasta un 76,7%.

En nuestro país no hay estudios previos relativos al diseño de planes de control frente a la besnoitiosis bovina por diversos motivos:

La enfermedad está presente en zonas donde el empleo de pastos comunales y otras deficiencias en la bioseguridad dificultan el control.

Normalmente la presencia de la enfermedad se detecta por primera vez en las explotaciones cuando hay algún caso clínico en los sementales, pero es posible que el número de infecciones subclínicas en las hembras sea elevado y que haya sementales seropositivos fértiles sin signos clínicos ni lesiones.

La eficacia de un plan de control puede alcanzarse a medio plazo con medidas rigurosas de bioseguridad (biocontención y bioexclusión) y manejo basadas en un adecuado diagnóstico laboratorial, lo que a veces desmotiva a los ganaderos.

Las medidas de bioseguridad en las explotaciones de vaca nodriza son escasas. Uno de los puntos limitantes es la política de entradas de nuevos animales sin un control sanitario previo y la ausencia de cuarentena, lo que podría facilitar la entrada de la enfermedad en un rebaño y comprometer la eficacia de un plan de control.

En este caso, el plan de control implementado fue muy riguroso, eliminándose la infección en menos de dos años, a pesar de tener una seroprevalencia inicial elevada, y obteniéndose una mejora significativa de la fertilidad.

Tras haber logrado controlar la infección en el rebaño, consideramos que existe un riesgo bajo de nuevas infecciones, siempre y cuando se mantengan adecuadas medidas de bioseguridad (reposición propia, vallado en buen estado y cuarentena) y se realicen análisis serológicos de las nuevas entradas.

En otras ocasiones, el plan de control debe ser más conservador, pues el sacrificio de todo el efectivo seropositivo puede ser económicamente inviable.

Por tanto, hay que contemplar otras medidas, como el mantenimiento de los machos fértiles seropositivos para la monta de las hembras seropositivas, reduciendo así el coste económico de la inseminación artificial y alargando la vida productiva de los machos y de las hembras al retrasar la edad de sacrificio (asumiendo el riesgo que conllevan estas medidas para las explotaciones bovinas colindantes). En cualquier caso, siempre se recomienda la eliminación de animales con signos clínicos o lesiones.

Para concluir, debe destacarse que es posible controlar la besnoitiosis bovina en sistemas de dehesa con una mejora en los parámetros reproductivos. Sin embargo, consideramos que este tipo de estudios se deben complementar con estudios de impacto económico que incentiven a los ganaderos a implementar un plan de control.

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