Los medicamentos veterinarios constituyen herramientas fundamentales para la prevención y tratamiento de las enfermedades que afectan a los animales, siendo esenciales para garantizar la sanidad y bienestar animal, así como la seguridad de la cadena alimentaria.
Entre todos ellos, los antimicrobianos ocupan un papel especialmente relevante, al permitir el control de infecciones causadas por bacterias, virus, hongos y protozoos. Sin embargo, su uso conlleva una responsabilidad añadida, dado su potencial contribución a la aparición de resistencias.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM) es considerada una de las principales amenazas para la salud global. Su aparición está estrechamente relacionada con el uso excesivo o inadecuado de estos medicamentos, tanto en humanos como en animales. |

Esta realidad ha impulsado el desarrollo de una legislación específica destinada a promover el uso responsable de los medicamentos veterinarios y a combatir la resistencia antimicrobiana.
En la Unión Europea, el Reglamento (UE) 2019/6 establece un marco armonizado para el uso de estos medicamentos, con especial énfasis en la lucha frente a este problema.
A nivel nacional, el Real Decreto 666/2023 regula aspectos relacionados con la prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios. En particular, establece que:
Los medicamentos sujetos a prescripción veterinaria requieren receta, emitida tras una evaluación clínica previa de los animales.
El uso de antimicrobianos debe ajustarse a los principios y restricciones establecidos en el Reglamento (UE) 2019/6, con el fin de fomentar un uso prudente y responsable de estos medicamentos y contribuir a la lucha contra la resistencia antimicrobiana.
USO PRUDENTE DE LOS ANTIMICROBIANOS
El concepto de uso prudente de los antimicrobianos adquiere una importancia central, enmarcado en el enfoque “Una sola salud” (One Health), que reconoce la interconexión entre la salud humana, la salud animal y el medioambiente.
Con el objetivo de maximizar su eficacia y minimizar la aparición de resistencias, el uso prudente implica la administración de antimicrobianos:
Únicamente cuando son necesarios.
Siguiendo criterios científicos.
En condiciones adecuadas.


El uso prudente supone la adopción de medidas preventivas de enfermedades infecciosas, reconocido como una de las estrategias más eficaces para reducir la necesidad de tratamientos antimicrobianos.
Estas medidas abarcan desde medidas de bioseguridad a programas vacunales y mejora del manejo de los animales.
Las medidas de bioseguridad limitan la entrada y propagación de agentes patógenos en las explotaciones. Entre estas medidas destacan:
El control de movimientos de animales y personas.
La limpieza y desinfección de instalaciones.
La gestión adecuada de residuos.
El control de vectores.
Los programas vacunales contribuyen a disminuir la incidencia de numerosas enfermedades infecciosas, reduciendo tanto el número de tratamientos necesarios como el riesgo de aparición de resistencias.
La mejora del manejo y bienestar animal también desempeña un papel fundamental.
Factores como una alimentación equilibrada, una densidad adecuada, unas buenas condiciones ambientales y la reducción del estrés favorecen la capacidad de respuesta inmunitaria de los animales y disminuyen su susceptibilidad a las infecciones.
El uso prudente de los antimicrobianos requiere el compromiso de todos los agentes implicados en la producción animal.
La formación continua de los veterinarios resulta imprescindible para tomar decisiones adecuadas y alineadas con las recomendaciones científicas más recientes. Del mismo modo, la sensibilización de ganaderos y propietarios es esencial para fomentar prácticas responsables y favorecer la correcta aplicación de los tratamientos prescritos.

IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO EN EL USO DE LOS ANTIMICROBIANOS
Ligado al concepto de uso prudente, el diagnóstico preciso constituye el pilar fundamental para el uso racional de los antimicrobianos en medicina veterinaria.
La instauración de un tratamiento antimicrobiano sin una adecuada identificación del proceso patológico y del/los microorganismo/s responsable/s incrementa el riesgo de fracaso terapéutico y favorece el desarrollo de resistencias.
En este contexto, las guías internacionales recomiendan que la administración de antimicrobianos se realice únicamente tras una evaluación clínica adecuada y un diagnóstico preciso por parte del veterinario.
Este diagnóstico debe confirmarse, siempre que sea posible, con pruebas laboratoriales que permitan aislar e identificar el agente etiológico. Además, se debe llevar a cabo una prueba de sensibilidad antimicrobiana, basada en criterios de interpretación validados (por ejemplo, el uso de puntos de corte clínicos o breakpoints) para instaurar un tratamiento apropiado.

Esta metodología, considerada como la más apropiada, no siempre es factible, como, por ejemplo, en casos de:
Enfermedades muy agudas o graves.
Dificultad en la toma de muestras en el lugar de la infección.
Imposibilidad de realizar un método rutinario de aislamiento o cultivo del microorganismo.
Falta de métodos de evaluación de la sensibilidad o de puntos de corte clínicos.
En estos casos, puede estar justificado el uso empírico de antimicrobianos, debiendo confirmarse posteriormente el diagnóstico mediante las pruebas apropiadas.
El tratamiento empírico debe basarse en la información epidemiológica local disponible sobre la sensibilidad de las bacterias diana.
Este enfoque reduce el uso innecesario de antimicrobianos de amplio espectro y optimiza la eficacia terapéutica.
Diagnóstico clínico 
El diagnóstico clínico constituye el primer paso para instaurar un tratamiento adecuado, garantizando un uso prudente y responsable de los antimicrobianos. Se basa en:
La anamnesis.
La evaluación de los antecedentes epidemiológicos.
La observación de los signos clínicos.
La realización de una exploración física completa de los animales afectados.
Este enfoque permite establecer una sospecha diagnóstica inicial, valorar la gravedad del proceso y orientar el tratamiento, aunque en muchas ocasiones no es suficiente para identificar con precisión el microorganismo responsable. |
Diagnóstico etiológico 
Además de la valoración clínica del paciente, un diagnóstico adecuado incluye el aislamiento e identificación del agente etiológico a nivel de género y especie.
Esto permite seleccionar las pruebas complementarias más apropiadas y orientar el tratamiento de forma específica.
Para un correcto diagnóstico etiológico, es fundamental una adecuada toma de muestras, que deben ser representativas de la patología y de calidad suficiente, basándose en un conocimiento exhaustivo de la epidemiología y la patogenia de la enfermedad.
La armonización de los procedimientos de laboratorio y el empleo de técnicas y métodos microbiológicos estandarizados utilizados para el aislamiento y la identificación de las bacterias son fundamentales para garantizar la comparabilidad de los resultados entre diferentes laboratorios, regiones y explotaciones. Además, sirven como base para la realización de pruebas de sensibilidad antimicrobiana. |


Las pruebas de diagnóstico etiológico se llevarán a cabo en laboratorios que cumplan unas normas establecidas de gestión de la calidad, seleccionándose la prueba más adecuada para cada caso asegurándose de que está correctamente validada basado en una serie de criterios:
Variables relativas a la muestra: si son individuales o agrupadas, composición de la matriz, interacciones hospedador-organismo que afecten al analito, etc.
Variables relativas al sistema analítico: factores físicos, químicos, biológicos y técnicos que influyen en la capacidad del método para detectar el analito.
Variables relativas a la interpretación del resultado.
Para que una prueba diagnóstica sea fiable debe ser exacta y precisa, ya que estos parámetros definen el rendimiento de la prueba.
La exactitud está representada por la sensibilidad y especificidad, que se establecen en función del punto de corte.
La repetibilidad y reproducibilidad definen la precisión de la prueba.
Desde el punto de vista diagnóstico:
La sensibilidad es la capacidad de la prueba para detectar animales que realmente están infectados (porcentaje de verdaderos positivos). |
La especificidad es la capacidad de la prueba para detectar animales sanos (verdaderos negativos). |

Diagnóstico de sensibilidad 
Una vez identificado el agente causal, la prueba de sensibilidad antimicrobiana es el último paso, y permite al veterinario elegir el medicamento más adecuado para tratar el caso clínico.
Además, proporciona datos valiosos para evaluar las tendencias de sensibilidad a lo largo del tiempo y monitorizar la aparición y diseminación de resistencias con fines de vigilancia.
La estandarización y armonización de los métodos utilizados para evaluar la sensibilidad y la interpretación de los resultados son fundamentales para generar datos precisos y reproducibles, y poder así comparar datos entre distintos programas nacionales o internacionales de vigilancia o monitorización.
Entre los métodos disponibles podemos citar los métodos fenotípicos o convencionales, como:
Difusión en disco.
La dilución en caldo y agar.
Las tiras de gradiente.
La microdilución en caldo para la determinación de la concentración mínima inhibitoria (CMI) es el método de referencia aprobado por el CLSI (Clinical and Laboratory Standards Institute) y el EUCAST (European Committee on Antimicrobial Susceptibility Testing) por su elevada reproducibilidad y comparabilidad. La validación y estandarización de este método incluye parámetros como:
Los medios utilizados.
La densidad del inóculo.
El tiempo y las condiciones de incubación.
Los controles de calidad.
La elección de los agentes antimicrobianos.
Los criterios interpretativos posteriores.
La metodología utilizada, incluyendo las especificaciones y los criterios interpretativos, se encuentran claramente definidos y documentados, de forma que puedan ser utilizados por todos los laboratorios donde se lleven a cabo estas pruebas.
En este sentido, existen laboratorios de referencia nacionales o regionales, que trabajan en cooperación con las organizaciones de normalización (como el CLSI o EUCAST) para coordinar las metodologías, las interpretaciones y las técnicas utilizadas y garantizar así la precisión y la reproducibilidad.
En el contexto del diagnóstico de sensibilidad, las técnicas moleculares, como la PCR y la secuenciación genómica, también han adquirido una importancia creciente en la detección rápida de genes de resistencia, aunque actualmente siguen considerándose complementarias a los métodos fenotípicos convencionales.

El objetivo principal de las pruebas de sensibilidad antimicrobiana es predecir cómo puede responder un patógeno bacteriano a un agente antimicrobiano in vivo. |
Los resultados se describen calificando al aislado como susceptible (S), intermedio (I) o resistente (R) al antimicrobiano, o bien como cepa de tipo salvaje (WT: wildtype) o no salvaje (NWT), aplicando para ello unos puntos de corte clínicos (breakpoints) o epidemiológicos (ECOFF: Epidemiological Cut-Off).
Estos puntos de corte son establecidos por organizaciones de normalización, sociedades profesionales científicas u organismos reguladores, en función de una serie de datos, como la distribución de CMI de los microorganismos, los parámetros farmacocinéticos y farmacodinámicos del antimicrobiano y los resultados de los ensayos clínicos o del tratamiento de los animales.

El uso responsable de los antimicrobianos en medicina veterinaria debe sustentarse en un diagnóstico preciso, basado en la valoración clínica del paciente y, siempre que sea posible, en la identificación del agente etiológico mediante métodos microbiológicos estandarizados.
La correcta toma de muestras, el aislamiento e identificación del microorganismo causante y la obtención de datos fiables sobre su sensibilidad constituyen herramientas fundamentales para apoyar la toma de decisiones terapéuticas.
De este modo, una prescripción fundamentada en criterios clínicos y microbiológicos no solo garantiza una mayor eficacia del tratamiento y la recuperación del animal, sino que también contribuye a minimizar la aparición y diseminación de resistencias antimicrobianas.
EL PAPEL DEL VETERINARIO ES FUNDAMENTAL
Los veterinarios desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos, ya que son los responsables de garantizar un uso racional y prudente de estos medicamentos.
La toma de decisiones terapéuticas debe basarse en criterios clínicos, epidemiológicos y sanitarios, teniendo en cuenta tanto las características del animal o grupo de animales como los factores de riesgo asociados a la aparición y difusión de resistencias.

En el contexto de los antimicrobianos, estos medicamentos van siempre sujetos a prescripción veterinaria, que debe realizarse únicamente tras una evaluación clínica que permita la sospecha de una infección bacteriana o de acuerdo con programas sanitarios y protocolos terapéuticos previamente establecidos. |
La Agencia Europea de Medicamentos (EMA), a través del grupo de expertos de antimicrobianos (AMEG), ha desarrollado un sistema de categorización de los antibióticos veterinarios en función de su importancia para la salud pública y del riesgo que representa su uso respecto a la aparición de resistencias.
Esta clasificación establece recomendaciones específicas para promover un uso más prudente de los antimicrobianos y preservar la eficacia de aquellos considerados de importancia crítica para la medicina humana.
La categorización distingue 4 categorías diferentes de antibióticos.
A. Evitar: antibióticos que no están autorizados en medicina veterinaria en la UE. Estos medicamentos no pueden ser utilizados en animales destinados a la producción de alimentos y solo pueden administrarse a animales de compañía en circunstancias excepcionales. |
B. Uso restringido: antibióticos cuyo uso debe restringirse con el objetivo de mitigar el riesgo para la salud humana. |
C. Usar con cautela: antibióticos que sólo deben usarse cuando no haya opciones efectivas en la categoría D. |
D. Usar con prudencia: antibióticos que pueden usarse de manera prudente, evitando su uso innecesario, en tratamientos largos y/o grupales. |

El PRAN ha desarrollado la aplicación “Guía terapéutica de antimicrobianos veterinarios” como herramienta de apoyo a la práctica clínica veterinaria, proporcionando información estandarizada para la prescripción de tratamientos antibióticos.
La aplicación ofrece recomendaciones sobre tratamientos, selección de antibióticos, pautas de administración y situación epidemiológica según la zona geográfica para:
Facilitar el cumplimiento de la normativa vigente.
Promover el uso responsable de los antimicrobianos.
Contribuir a la homogeneización de los criterios terapéuticos a nivel nacional.
CONCLUSIONES
La resistencia antimicrobiana constituye uno de los principales desafíos para la salud global y requiere una actuación coordinada de todos los sectores implicados bajo el enfoque One Health.
En este contexto, el veterinario desempeña un papel esencial en la promoción de un uso prudente y responsable de los antimicrobianos, sustentado en un diagnóstico preciso y en una prescripción basada en criterios científicos y clínicos.
Asimismo, la implementación de programas de uso responsable, junto con la aplicación de medidas preventivas eficaces y la formación continua de los profesionales y demás agentes involucrados, resulta fundamental para reducir la aparición y propagación de resistencias.
La integración de estas estrategias constituye la herramienta más efectiva para preservar la eficacia terapéutica de los antimicrobianos, proteger la salud animal y pública, y garantizar la disponibilidad de estos medicamentos para las generaciones futuras. |
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