Efecto de la población de bisonte europeo en un robledal de la Cordillera Cantábrica
Históricamente, el bisonte europeo (Bison bonasus) se extendía por Europa central, sudoriental y en parte de Europa occidental, abarcando desde la frontera entre Francia y Alemania hasta el Cáucaso por el Este (Węcek et al., 2016).
Actualmente, existen dos subespecies de Bison bonasus bien diferenciadas:
- B. b. bonasus (bisonte de las planicies): estos ejemplares se encuentran en centros de cría en cautividad, zoológicos o reservas de régimen en semilibertad y libertad constituidos para este fin (Belousova et al., 2003).
La población total (2018) de Bison bonasus era de 7.532 animales; en libertad: 5.368, semilibertad: 454, cautividad: 1.710 (Raczyński, 2019).
- B. b. caucasicus (bisonte del Cáucaso).
El ambiente más adecuado para el bisonte europeos son los bosques caducifolios, siendo más propicios aquellos conformados por una mezcla con coníferas, con alguna pradera cerca siempre, sin árboles, y cubierta de pasto.
Su dieta puede ser muy variada en cuanto a especies vegetales (incluye árboles, arbustos, plantas herbáceas e incluso frutos como la bellota).
Sobre un 87-93% de la capacidad del rumen lo ocupan plantas herbáceas, y el 7-13% restante lo completan árboles y arbustos.
Por otra parte, los bisontes son rumiantes y, en su adaptación al hábitat forestal europeo, han adquirido una microbiota intestinal con mayor capacidad de digerir las ligninas (Gębczyńska et al., 1974).
- Verano: el 60% del tiempo lo ocupan en alimentarse, el 30% en descansar y el 10% restante en otras actividades.
- Invierno: las fases se invierten, 60% descanso y 30% alimentación.
- Estaciones de abundante pasto: el 95% del consumo es hierba, el 3% hojas y el 2% restante corresponde al consumo de la corteza de los árboles.
- Cambio de invierno a primavera: se incrementa el consumo de corteza (Belousova et al., 2003).
En base a la información aportada por el Guarda de la Reserva, quedó demostrado que los bisontes se alimentan de la corteza de los árboles de menor perímetro, dejando estos “desnudos”, a diferencia de otras especies de la Reserva que no arrancan de esta manera las cortezas.
Existe una tendencia lineal entre la tasa de crecimiento de la corteza y el porcentaje de daño producido por el descortezamiento causado por los animales.
Dicho daño consiste principalmente en el desprendimiento de la corteza, lo que deja la madera expuesta y facilita el acceso de patógenos como, por ejemplo, especies del género Phytophthora (Moralejo et al., 2009), o insectos barrenadores que se introducen por las grietas tras el descortezamiento (Sallé et al., 2014), provocando la pudrición del fuste e incluso la muerte del árbol (Díaz, 1996).
Por otro lado, los daños causados sobre la corteza por parte de los animales conducen a la aparición de rebrotes en la zona dañada (Pedreira et al., 2017).
Una de las premisas con las que se defiende la recuperación del bisonte en nuestro país es la de proteger nuestros bosques y prevenir los incendios o minimizar sus efectos, problemática que se deriva de la importante reducción de sistemas ganaderos en extensivo y, por consiguiente, del aumento del matorral en los bosques y praderas que eran destinados a pasto (Álvarez, 1999).
Los matorrales contribuyen a agravar los incendios una vez iniciados, por lo que todas las especies herbívoras son importantes, siendo especialmente importantes aquellas que ramonean, es decir, que son capaces de consumir los brotes de las distintas plantas en la fase de matorral.
Los incendios pueden clasificarse según la superficie afectada:
- Conatos < 1 hectárea
- Incendios > 1 hectárea
- Grandes incendios > 500 hectáreas
Estos últimos suponen menos de un 1% de los incendios, pero son muy importantes ya que pueden llegar a suponer 1/3 de la superficie total quemada al año.
El bisonte pueden ser una solución al reducir el combustible vegetal acumulado y, consecuentemente, disminuyendo la posibilidad de que se generen grandes incendios, sin embargo, dado a que, en parte, se alimentan de las cortezas, su introducción podría suponer un riesgo también para los árboles. Por ello, son necesarios estudios previos para determinar su impacto potencial sobre las masas forestales.
Este estudio pretende arrojar luz sobre el efecto del bisonte en el bosque, y para ello se trató de comprobar:
- Parámetros que influyen en la selección del bisonte por la corteza de determinados árboles
- Efectos del descortezamiento sobre la supervivencia de los árboles y la aparición de rebrotes
Por otro lado, las hipótesis iniciales de las que partimos eran que:
- El principal factor de selección es el perímetro de los árboles.
- Los árboles con menor perímetro son seleccionados preferentemente.
- El descortezamiento de los árboles aumenta su mortalidad.
- El descortezamiento de los árboles aumenta la aparición de rebrotes.
La reserva zoológica en la que se llevó a cabo el estudio pertenece al Museo de la Fauna Salvaje de Valdehuesa (León), con un entorno montañoso y valles cubiertos de bosque caducifolio mixto, donde sobresale el roble melojo (Quercus pyrenaica), pero también algunos chopos (Populus nigra), abedules (Betula spp.) o hayas (Fagus sylvatica) en las zonas de umbría.
Para la toma de muestras en campo se consideró el conjunto de la reserva, ya que los bisontes vagaban libremente por ella. Se realizaron 3 muestreos de 10x10m, delimitados con cintas métricas (Figura 2, Figura 3b) dispuestos de forma estratificada para que fuesen representativos del conjunto.
- 1 er muestreo (1A): zona muy afectada por la herbivoría y con baja densidad de árboles.
- 2 do muestreo (2A): zona intermedia expuesta a una herbivoría y densidad de árboles media.
- 3 er muestreo (3A): zona con poca herbivoría y con alta densidad de árboles.

Esta estratificación fue necesaria debido a la gran heterogeneidad de la reserva, ya que había zonas más transitadas por los animales (puntos de suplementación alimenticia), y otras más alejadas y menos accesibles.
Es importante destacar que, dentro del recinto de la reserva, los bisontes compartían el mismo espacio con otras especies de mamíferos herbívoros como gamos (Dama dama), ciervos (Cervus elaphus) o jabalís (Sus scrofa), por lo tanto, para evaluar su impacto fue necesario buscar algún efecto sobre la vegetación exclusivo de esta especie, como el descortezamiento de los árboles (que deja marcas diferentes a las provocadas por las cornamentas de los ciervos).
Las medidas tomadas a los árboles fueron las siguientes:
- Perímetro: con una cinta métrica se realizaron las mediciones a una altura del suelo similar.
- Altura: tomando como referencia 2m en vertical desde la base del suelo medidos con una cinta métrica.
La estimación la hizo siempre un mismo observador que se situó a una distancia del árbol y extrapoló los 2m medidos desde la base, con la ayuda de sus manos, hasta el extremo más alto siguiendo el eje del tronco principal del árbol (Figura 3a).
- Porcentaje de corteza: de forma aproximada, en un área del tronco similar y tomada siempre por un mismo observador (Figura 3c).
- Composición de líquenes: se recogieron muestras de trozos de corteza con los líquenes nuevos que surgieron para su posterior identificación (BarrenoRodriguez y Pérez Ortega, 2003).
- Presencia o ausencia de rebrotes: debido a que Quercus pyrenaica tiende a rebrotar fácilmente, se evaluó si los árboles medidos presentaban ramas rebrotadas superiores a 5 mm en la base del tronco (presencia/ausencia de rebrotes).
- Supervivencia: se clasificaron como “vivos” o “muertos” en función de su aspecto, prestando especial atención al tronco y ramas secas, ausencia de hojas, ausencia de yemas y fracturas grandes o evidentes.

El total de árboles medidos fue de 64; el 93,33% pertenecían al roble Quercus pyrenaica y el 6,67% restante al espino albar, Crataegus monogyna.
RESULTADOS y CONCLUSIONES
1.Parámetros que influyen en la selección del bisonte por la corteza de determinados árboles
El principal factor de selección es el binomio perímetro-altura (gran correlación con la cantidad de corteza) y, teniendo en cuenta que ambos factores están muy relacionados a su vez con la edad de los árboles, podemos concluir que la edad es el factor principal que condiciona qué árboles eligen los bisontes.
Por tanto, la susceptibilidad al descortezado depende en gran medida de la edad y el tamaño del árbol (Gill, 1992).

Otro factor que incluimos en el análisis es la composición de líquenes presente en la corteza: a medida que disminuye el porcentaje de corteza del árbol, varía la composición de los líquenes presentes.
La especie que más disminuye es Melanelia elegantula, aunque también se observa una disminución de Phlyctis argena y Pertusaria albescens. La gran disminución de Melanelia elegantula podría interpretarse como una preferencia de los bisontes al tener un biotipo foliáceo que puede resultar nutritivo, sin embargo, la no disminución de otros líquenes foliáceos como Melanelia subaurifera o Evernia prunastri pone en duda esta interpretación.
Con estos datos no podemos concluir que los líquenes sean un factor de selección claro, ya que la ausencia de algunas especies de líquenes puede deberse a múltiples motivos, por lo que serían convenientes estudios a mayores.
Por lo tanto, nuestra primera hipótesis se cumple, añadiendo la altura como otro factor a tener en cuenta en dicha selección.
Centrándonos en la relación entre el perímetro y el descortezamiento, vemos que los bisontes solo consumen la corteza de los árboles con un perímetro comprendido entre 20 y 40 cm, siendo el perímetro medio de 24,34 cm. Nuestra segunda hipótesis también se cumple.
2. Efectos del descortezamiento sobre la supervivencia de los árboles y la aparición de rebrotes.
No se observa un efecto evidente del descortezamiento sobre la mortalidad de los árboles, pero sí una relación clara de la mortalidad con el perímetro y la altura de los árboles (Figura 4), siendo los árboles más jóvenes los que tienen más probabilidad de “morir” (Gill, 1992).
Aunque sí que se observa una menor supervivencia en los árboles con menos corteza, no queda demostrado estadísticamente que su pérdida provoque una mayor mortalidad en los árboles, nuestra tercera hipótesis (puede deberse a que trabajamos con una muestra relativamente pequeña de individuos).
Otra posibilidad es que la pérdida de corteza sea reciente y esos árboles aún no hayan “muerto”, pero lo hagan en un futuro próximo; la disminución de la corteza podría comprometer su supervivencia, aumentando la susceptibilidad a ciertos patógenos (Díaz, 1996; Moralejo et al., 2009; Sallé et al., 2014).
Respecto a nuestra última hipótesis, podemos afirmar estadísticamente que se cumple, de lo que se deduce que los árboles en zonas habitadas por bisontes tienden a crecer de forma arbustiva cuando se alimentan de ellos, al menos en los pertenecientes a la especie Quercus pyrenaica (Figura 5).

¿CUÁLES SON LAS POSIBLES APLICACIONES?
Los bisontes son animales que dedican la mayor parte del tiempo a pacer (Belousova et al., 2003), por lo que se encargarán de eliminar el exceso de vegetación de tipo herbáceo en las zonas boscosas, que fomenta la expansión de los incendios una vez desencadenados.
Además, aunque en menor medida, los bisontes son ramoneadores, por lo que también limpiarán parte del sotobosque.
En estaciones de escasez de alimento de tipo herbáceo, los bisontes aumentan su ingesta de arbustos y corteza (Belousova et al., 2003) que, unido a la predilección que muestran por árboles jóvenes (Gill, 1992), podría llegar a perjudicar la recuperación del bosque tras los incedios. El fomento del crecimiento en forma de arbusto debido al aumento de los rebrotes empeorará esta circunstancia.
Considerando todos estos factores se puede inferir que la presencia de bisontes en zonas afectadas por fuego puede estancar la sucesión ecológica del ecosistema, generando zonas de matorral que no avanzan a estadios de bosque.
Concluimos que los bisontes pueden mantenerse como están en la actualidad, en régimen de semilibertad, pero no en plena libertad. Existe la posibilidad de implantar un programa de pastoreo que conduzca a los animales por las zonas en las que puedan ser beneficiosos mientras que se deben mantener lejos de zonas en crecimiento o recuperación.
Agradecimientos a María Reyes Tárrega, profesora e investigadora de la Universidad de León, por darnos ánimos para llevarlo a buen puerto y aconsejarnos. También a Ana María Salegui, profesora de Botánica, por su ayuda en la identificación de las especies de líquenes. Por último, dar las gracias a Vicente González Eguren, profesor del área de Producción Animal de la Facultad de Veterinaria, por ponernos en contacto con la reserva. Queríamos agradecer también al Museo de la Fauna Salvaje de Valdehuesa y muy en especial a Gonzalo, trabajador de dicho museo, por ayudarnos en todo con una gran dedicación.
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