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Impacto del estrés por calor y el enfriamiento en la eficiencia alimentaria de granjas lecheras en climas cálidos

Impacto del estrés por calor y el enfriamiento en la eficiencia alimentaria de granjas lecheras en climas cálidos
En las últimas décadas se ha publicado mucha información sobre el efecto negativo del estrés por calor estival en las características productivas y reproductivas de las vacas de alto rendimiento.

Sin embargo, existe información muy limitada sobre el efecto del estrés por calor en la eficiencia alimentaria de las vacas (estimada en términos de relación alimento/leche).

Comprender plenamente las pérdidas económicas derivadas del estrés por calor es clave tener una visión clara del impacto real en los ingresos, lo que es un claro incentivo para invertir en las instalaciones y el correcto funcionamiento de los sistemas de mitigación del calor en las granjas.

IMPACTO DEL ESTRÉS POR CALOR EN EL RENDIMIENTO Y EFICIENCIA ALIMENTICIA DE LAS VACAS LECHERAS

Una publicación de la NRC a principios de los años ochenta mostró que, en comparación con las vacas en condiciones normales, los requisitos de energía para el mantenimiento de las vacas en ordeño:

Aumentan en un 20% cuando se exponen a temperaturas ambientales de 30 °C.
Aumentan en un 35% para aquellas expuestas a temperaturas a partir de 40 °C.

Los requerimientos de energía de las vacas de alto rendimiento que ingieren dietas de mantenimiento expuestas a condiciones de estrés por calor aumentarán en un 5-10% en comparación con vacas mantenidas en condiciones térmicas normales.

Estudios llevados a cabo en las instalaciones de una granja experimental estadounidense (USDA) revelaron que la relación alimento-leche era un 10% más alta en las vacas que parían en verano, en comparación con las que parían en invierno.

El contenido energético de la leche representó solo el 60% de la energía consumida por las vacas en condiciones normales, pero disminuyó al 35% cuando estuvieron expuestas durante dos semanas a estrés térmico en condiciones climáticas a 32 °C.

En una encuesta a gran escala realizada en 13 granjas lecheras comerciales en Alabama, las vacas produjeron 1,4 kg de leche/kg de materia seca (MS) consumido en los meses de invierno, mientras que, en los meses de verano, esta producción descendió a 1,3 kg de leche/kg MS, lo que representa una pérdida del 5% de eficiencia alimenticia.

Por su parte, investigadores de la Universidad de Arizona publicaron un estudio realizado en sus nuevas cámaras climáticas ubicadas en Tucson donde las vacas de alto rendimiento mantenidas en condiciones climáticas normales y con una ingesta de alimento igualada a la de vacas expuestas a calor mostraron una disminución en la producción que fue solo la mitad de la registrada en las vacas sometidas a estrés por calor (30% en vacas sometidas a estrés por calor frente a 15% en vacas con restricción alimenticia y mantenida en condiciones climáticas normales).

La caída en el consumo de alimento de las vacas sometidas a estrés por calor solo explica la mitad de la disminución en la producción de leche, lo que implica que la mitad restante se puede atribuir al hecho de que parte de la energía consumida se destina a la activación de mecanismos para disipar el calor, así como a otros cambios metabólicos en el sistema digestivo de la vaca.

En otras palabras, el estrés por calor se traduce en “ineficiencia nutricional”.

Haciendo uso del mismo protocolo experimental, llevamos a cabo hace unos años en Israel, una investigación en las instalaciones de la granja lechera experimental del ministerio de agricultura.

Dos grupos de 21 vacas lecheras de alto rendimiento con un promedio de 45 kg de leche/día fueron alimentados ad libitum, una ración TMR (proporcionada en cajas de alimentación individuales pesadas diariamente) y ordeñadas 3 veces al día.

Todas las vacas fueron enfriadas intensivamente mediante una combinación de rociadores y ventilación forzada durante 6 horas acumulativas/día en 8 “sesiones de enfriamiento”.

A mediados del verano:

El tratamiento de enfriamiento se detuvo gradualmente en uno de los grupos.

El suministro de alimento a las vacas del otro grupo, donde continuó el enfriamiento, se equiparó al consumido por las vacas privadas de enfriamiento y con estrés por calor.

Al igual que en el estudio en Arizona, la disminución del 20% en el consumo de alimento (24,4 kg/vaca/día 19,4 kg/vaca/día) asociada al estrés por calor solo explicaría la mitad de la disminución en la producción de leche.

La disminución de la producción de leche en las vacas expuestas a estrés por calor fue casi el doble en comparación con aquellas que fueron enfriadas y sometidas a una restricción en el consumo de alimento, alcanzando 14 kg/vaca/día frente a 8 kg/vaca/día, respectivamente.

Es decir, enfriar las vacas en el verano mejora la eficiencia alimenticia de las vacas en un 5 – 10%, casi lo mismo que se puede obtener con vacas en condiciones climáticas normales.

El calor estival no solo afecta la producción anual de leche en las vacas, reduciendo su rendimiento, sino que también provoca un empeoramiento de la eficiencia alimenticia.

Este efecto se suma al impacto directo que el estrés por calor tiene sobre la eficiencia alimentaria, tal y como se ha comentado anteriormente.

Los requerimientos energéticos de mantenimiento son constantes, siendo las mismas independientemente de que la vaca produzca 10 kg o 40 kg de leche/día.

Por tanto, los requerimientos energéticos de mantenimiento/unidad de leche producida son menores en vacas de alto rendimiento, ya que se encuentran “repartidos” en más litros de leche/día.

En una encuesta realizada en 40 granjas lecheras de Israel durante un período de 20 años, se registró la cantidad de materia seca (MS)/litro de leche producida anualmente en granjas cuya producción anual oscilaba entre 9.000 y 14.000 kg.

Esta encuesta reveló que se requieren 0,78 kg de materia seca para producir 1 kg de leche a un rendimiento anual de 10.000 kg, mientras que, para un rendimiento anual de 12.000 kg, solo se necesitan 0,70 kg de alimento (10% menos).

Según un artículo publicado hace casi 20 años por St. Pierre de la Universidad de Ohio, se puede esperar una caída de 2.000 kg de leche/vaca/año en las granjas lecheras del sur de los EE. UU. debido al calor estival y la falta del uso eficaz de los medios de mitigación del calor.

Hoy sabemos, en base a nuestra experiencia en Israel, que la implementación adecuada de medios de enfriamiento puede evitar la mayor parte de esta disminución.

Aumentar en 2.000 kg la producción anual de leche por vaca en estos climas puede reducir los gastos de alimentación en un 10-15% para generar la misma cantidad de leche. Esta mejora en la eficiencia se suma a los beneficios previamente mencionados, optimizando aún más la producción.

BENEFICIOS ECONÓMICOS Y AMBIENTALES DEL ENFRIAMIENTO INTENSIVO DE LAS VACAS

Para ilustrar impacto económico de la disminución de la eficiencia alimenticia y los beneficios derivados del enfriamiento de las vacas, se presenta a continuación un cálculo basado en los resultados de los estudios presentados anteriormente.

Se trata de un escenario donde el coste diario de alimentación por vaca es de 8 USD, en una granja lechera ubicada en una región con 150 días de verano estresantes (Israel, sur de EE. UU., sur de Europa y gran parte de América Latina) y donde la eficiencia alimenticia anual cae aproximadamente un 15 %.

El enfriamiento adecuado de las vacas tiene el potencial de aumentar las ganancias anuales por vaca en aproximadamente 400 USD, triplicando la inversión necesaria para mantenerlas frescas durante el verano. En granjas lecheras situadas en regiones más frías, como Sudamérica y Europa del Norte, se podría esperar obtener entre la mitad y dos tercios de este beneficio.

En conclusión, la caída en la eficiencia alimenticia asociada al estrés por calor tiene un impacto económico significativo en las granjas lecheras, especialmente en aquellas ubicadas en climas cálidos, pero también en aquellas ubicadas en regiones templadas.

Estos datos sobre los beneficios del enfriamiento intensivo y adecuado de las vacas son un fuerte aliciente para invertir en la implementación y operación adecuada de los medios de mitigación del calor.

Este enfoque beneficiará principalmente al ganadero, pero también al medio ambiente, ya que permitirá producir leche con menos vacas, reduciendo la necesidad de alimentos para su mantenimiento y producción, al tiempo que disminuirán las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera.

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