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Paranfistomosis en rumiantes en España, ¿cuál es el papel del ganado ovino?

Paranfistomosis en rumiantes en España, ¿cuál es el papel del ganado ovino?

Los paranfistómidos son parásitos que afectan al aparato digestivo de numerosas especies de rumiantes domésticos y silvestres, pudiendo causar graves lesiones que repercuten negativamente en su salud y rendimiento productivo.

Aunque son especialmente frecuentes en regiones tropicales y subtropicales, estudios recientes realizados en ganado vacuno señalan un incremento notable de su incidencia en Europa en las últimas décadas.

Por ello, la paranfistomosis se considera actualmente una enfermedad emergente en nuestro continente. Por el contrario, los datos en ganado ovino son escasos; en este artículo se mostrarán los resultados obtenidos en un estudio reciente realizado en Galicia.

 

¿Cómo se difunde la infección?

Los paranfistómidos adultos se localizan en los preestómagos (rumen y retículo) de diferentes rumiantes domésticos (vacas, ovejas y cabras) y silvestres (ciervos, corzos, gamos…) que actúan como hospedadores definitivos (HD).

El ciclo (Figura 1) comienza cuando los HD eliminan huevos del parásito con las heces, contaminando el ambiente.

Si las condiciones son adecuadas, de estos huevos emerge una fase móvil denominada miracidio, que precisa de un caracol acuático que actuará como hospedador intermediario (HI).

En Europa, el parásito se ha adaptado con gran éxito a Galba truncatula, que también actúa como HI de otro trematodo muy frecuente y patógeno, Fasciola hepatica.

Estos caracoles necesitan condiciones de elevada humedad, siendo especialmente frecuentes en zonas encharcadas, márgenes de cursos de agua, rodadas de tractores, etc.

Tras penetrar en el caracol, el miracidio se multiplica en su interior; finalmente, abandona el HI en fase de cercaria y se enquista en la vegetación cercana, dando lugar a la metacercaria, la fase infectante para los rumiantes, que resisten bastante en el medio. Los rumiantes se infectan al ingerir las metacercarias con el pasto.

En el duodeno del animal, las metacercarias se desenquistan y emergen las fases juveniles del parásito, que comienzan a alimentarse de la mucosa intestinal, causando erosiones que pueden evolucionar hasta úlceras. Esta es la fase más patógena del ciclo del parásito, y cuando las infecciones son intensas, pueden dar manifestaciones clínicas.

Finalmente , los paranfistómidos juveniles abandonan el duodeno y migran hacia el rumen y retículo, donde se desarrollan hasta adultos, que resultan mucho menos dañinos para el animal, pues se alimentan del contenido ruminal. Tras madurar sexualmente, los adultos, que son hermafroditas, eliminan numerosos huevos, completando así el ciclo.

 

Situación actual en España

Desde los años 90 se ha constatado un incremento notable de las prevalencias de infección por paranfistómidos en ganado vacuno de varios países europeos como Francia, Bélgica, Reino Unido, Italia, Alemania o España.

Aunque la información disponible en ganado ovino es más escasa, estudios realizados en Irlanda e Italia muestran una tendencia similar a la observada en bovino, aunque las prevalencias individuales son, por lo general, menores.

En España se han publicado varios estudios sobre la presencia de estos trematodos en el ganado vacuno del norte del país, mostrando las prevalencias más elevadas en Galicia y Asturias (Figura 2).

Al igual que en el resto de Europa, los porcentajes de infección se han incrementado de forma significativa; así, en la Figura 3 se observa que, en Galicia, el porcentaje de bovinos infectados aumentó desde un 13% en el año 2006, hasta el 45,3% en el 2019.

Al comparar estos resultados con los obtenidos recientemente en ganado ovino de Galicia por el grupo INVESAGA de la Facultad de Veterinaria de Lugo, se constató que las prevalencias individuales fueron muy inferiores en estos pequeños rumiantes, pues solo el 18,7% de los animales resultaron positivos, coincidiendo con los datos publicados previamente en Irlanda.

Sin embargo, estos resultados suponen un notable incremento con respecto a los publicados anteriormente (2008-2020) en ovinos gallegos, en los que el porcentaje de animales positivos osciló entre el 0,7 y el 1,1%. Además, nuestro estudio demuestra que las infecciones por paranfistómidos también están muy extendidas en esta región, pues el porcentaje de rebaños de ovejas con al menos un animal positivo fue del 64,3%; los datos previos mostraban prevalencias muy inferiores, del 7,5-8,5%.

Cabe destacar las diferencias halladas en la prevalencia intrarrebaño, puesto que en los rebaños de ganado vacuno positivos, la mayor parte de los animales están infectados (57,8%), mientras que en las granjas de ganado ovino positivas el porcentaje es mucho menor (27,1%).

Numerosos investigadores han intentado determinar las causas del aumento de la presencia de paranfistómidos en los rumiantes domésticos de Europa observado en los últimos años. Entre ellas, una de las más plausibles defiende que las condiciones climáticas resultan cada vez más favorables para que se complete el ciclo de estos parásitos, ya que los inviernos suaves y las precipitaciones frecuentes registradas recientemente determinan que los caracoles que actúan como hospedadores intermediarios se mantengan activos durante periodos más prolongados, facilitando que el parásito continúe su desarrollo.

También se apunta a un incremento del número de animales en pastoreo, lo que aumenta las posibilidades de ingerir las metacercarias presentes en la vegetación, o a la importación del parásito al introducir animales positivos en zonas donde el trematodo estaba ausente. Finalmente, y como se comentará posteriormente, el reducido número de fármacos eficaces disponibles y su uso limitado también explicarían el incremento de los porcentajes de infección por paranfistómidos.

¿Cómo se manifiestan las infecciones en los animales?

Las infecciones con estos trematodos suelen ser asintomáticas. Sin embargo, cuando los animales se infectan intensamente al acceder a pastos muy contaminados, pueden mostrar un cuadro clínico derivado de la acción de los parásitos juveniles en el duodeno.

Los signos clínicos son, por lo general, inespecíficos, pero conllevan mermas en el rendimiento de los animales (Tabla 1).

En el ganado vacuno estos casos clínicos son especialmente frecuentes en animales jóvenes en su primer año de pastoreo.

El ovino, por el contrario, puede presentar una paranfistomosis clínica a cualquier edad, lo que convierte a estos parásitos en una importante amenaza para estos animales.

Las infecciones crónicas, producidas por los trematodos adultos en los preestómagos son, en general, bien toleradas por el hospedador, aunque se ha demostrado que los parásitos causan una reacción inflamatoria con áreas de necrosis en las zonas de fijación.

El impacto de estas infecciones crónicas sobre la producción de leche, ganancia de peso o reproducción es difícil de calcular, estando pendiente de futuras investigaciones.

 

¿Cómo detectar y controlar estos problemas en los rebaños?

Debido al aumento de los porcentajes de infección señalados en varios países europeos, la paranfistomosis debe ser un proceso a incluir en el diagnóstico diferencial de problemas gastroentéricos en ganado ovino en pastoreo, especialmente en regiones templadas y húmedas, como el norte de España.

La confirmación de la sospecha clínica puede realizarse en el laboratorio, mediante técnicas que permiten detectar huevos del parásito en las heces (Figura 4).

El análisis de una mezcla de heces de varios animales constituye una opción económica y eficaz para evaluar el estado parasitario del rebaño. No obstante, hay que tener en cuenta que estas técnicas presentan ciertas limitaciones; por ejemplo, no son útiles para identificar casos agudos, pues estos animales no presentan todavía paranfistómidos adultos que eliminen huevos.

En estas situaciones, los parásitos pueden detectarse post-mortem mediante la observación de paranfistómidos juveniles en el duodeno o de adultos en los preestómagos (Figura 5). Aunque se están realizando investigaciones, hasta el momento no se dispone de técnicas serológicas completamente fiables.

Tras su detección en el rebaño se deben implementar las medidas de control más adecuadas, que incluyen una correcta pauta de desparasitación junto con otras medidas complementarias de manejo.

A la hora de desparasitar se debe considerar que los antihelmínticos más empleados en ganado ovino, que incluyen fármacos pertenecientes a las familias de los bencimidazoles o las lactonas macrocíclicas, no muestran actividad frente a los paranfistómidos.

Actualmente, el único fármaco comercializado en España que ha demostrado una buena eficacia es la oxiclozanida. Por esta razón es esencial realizar un diagnóstico previo.

Entre las medidas complementarias de control más eficaces se incluyen:

  • Evitar el acceso a zonas húmedas y encharcadas que constituyan un hábitat favorable para los caracoles hospedadores intermediarios, y que suelen estar más contaminadas; para ello se puede emplear un pastor eléctrico.
  • Instalar bebederos en los pastos también evitará que los animales se desplacen a las zonas más húmedas y contaminadas.
  • En caso de que se suministre hierba fresca a los animales, se recomienda no emplear la procedente de zonas húmedas.
  • También puede ser útil realizar una rotación de pastos o pastoreo mixto con animales que no sean hospedadores adecuados para el trematodo, como caballos, lo que minimiza las posibilidades de que las ovejas se infecten.
  • En rebaños no infectados se debe evitar la introducción del parásito, mediante análisis de los animales a incorporar.

Los resultados obtenidos por el Grupo INVESAGA aportan datos actualizados sobre las infecciones por paranfistómidos en Galicia, demostrando que estos trematodos están muy presentes en los rebaños de ovejas del noroeste del país.

Además, extrapolando los resultados señalados en bovinos, es muy probable que el ganado ovino de otras regiones del norte de España presente una situación similar.

Detectar su presencia en las granjas y adoptar las medidas de control más adecuadas, incluyendo una correcta pauta de desparasitación junto con un buen manejo de los animales, resulta indispensable para controlar su impacto en las explotaciones y frenar su expansión en los próximos años.

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