El uso de las grasas en la dieta de los rumiantes no siempre se maneja adecuadamente, y es frecuente que no se produzcan los resultados productivos esperados debido a un consumo elevado o a un uso inapropiado de la fuente rica en ácidos grasos (AG).
Cuando la ración contiene un exceso de grasa, especialmente de ácidos grasos insaturados, repercute negativamente sobre el crecimiento de las bacterias del rumen, viéndose más afectadas las bacterias celulolíticas que las amilolíticas.
De todos los ácidos grasos insaturados evaluados, el ácido oleico (C18:1) es el de mayor efecto inhibidor.
Cuando un alimento entra en el rumen y se “empapa” en aceite o grasas se producen los siguientes efectos:
- Menor degradabilidad de la fibra del alimento
- Menor consumo voluntario de alimento
- Puede originar trastornos digestivos (diarrea)
No se recomienda que la concentración total de grasas (extracto etéreo) supere el 5-6% en la dieta total de un rumiante, independientemente de su aptitud.
Hidrogenación de un AG insaturado y Grasas protegidas
Los AG insaturados tienen un mayor efecto negativo sobre los microorganismos que los saturados, sin embargo, a nivel intestinal tienen una mayor digestibilidad.
Por lo tanto, a medida que se incrementa el grado de saturación de una grasa (mediante biohidrogenación en el rumen u otra vía de hidrogenación externa) disminuyen los efectos negativos sobre la fermentación ruminal, pero también se reduce la digestibilidad intestinal de dichos ácidos grasos.
En cuanto a las grasas protegidas, una de sus principales características es que permanecen inertes en el rumen, sin afectar a los microorganismos, mientras que a nivel intestinal son totalmente digeridas.
Las grasas protegidas son un medio para incrementar el consumo diario de grasa en el ganado rumiante sin que se vea afectado su metabolismo.
Actualmente, existen dos tipos de grasas protegidas:
- Sales cálcicas de ácidos grasos o jabones cálcicos: ampliamente utilizadas como fuente de grasa protegida en el rumen debido a su muy baja disociación a pH < 6.0, y su satisfactoria estabilidad a pH 5.5.
Sin embargo, en el abomaso el pH disminuye unos 2-2.5 puntos, por lo que se produce la disociación, dando lugar a calcio y a los AG libres correspondientes que son digeridos en el intestino delgado (Mateos et al, 1996).
La mayoría de los jabones cálcicos disponibles se fabrican a partir de los AG destilados de la palma, cuyo perfil es apropiado para los rumiantes (punto de fusión entre 38-39ºC, próximo a la temperatura corporal del animal y, además, de alta digestibilidad).
- Grasas saturadas o hidrogenadas: inertes en el rumen (baja solubilidad) debido a que sus propiedades físico-químicas limitan su utilización por los microorganismos ruminales, permitiéndoles llegar al intestino delgado para su utilización como fuente de energía y AG (Davis, 1993).
El proceso de obtención de este tipo de grasas consiste en hidrogenar parcialmente los dobles enlaces de diversos AG con el fin de elevar su punto de fusión, reduciendo de esta forma su actividad en el rumen al aumentar su insolubilidad. Las principales fuentes utilizadas en la confección de estas grasas son sebos y subproductos del refinado del aceite de palma y de pescado.
Estrategias para suministrar AG sin efectos adversos
- Semillas de oleaginosas
A través de semillas “enteras” de soja, girasol o algodón; sin embargo, las semillas “enteras” reducen el aprovechamiento proteico y se incrementan las pérdidas en heces.
Al procesarse (molienda o aplastado) liberan aceites y generan un ambiente ruminal inadecuado (lipólisis y enranciamiento), e incluso se pueden producir toxinas que afectan a la salud del animal.
Por otro lado, el extrusado permite reducir los efectos negativos del enranciamiento, aunque cuando se emplean temperaturas > 150°C la composición química de grasas y proteínas puede verse afectada. En algunos casos incrementa el poder “by pass” de ambos, pero en otros se reduce la digestibilidad tanto a nivel ruminal como intestinal, perdiéndose así gran parte de la proteína y grasa en las heces.
- Grasas encapsuladas
También se pueden encapsular las grasas con un recubrimiento proteico que, a su vez, se protege con formaldehído contra la deshidratación en el rumen. Durante este procedimiento, complejo y costoso, se pueden romper dichas cápsulas liberando las grasas al rumen.
- Grasas endurecidas hidrogenadas
Como ya hemos comentado, se trata de grasas saturadas por hidrogenación (con alta proporción de ácido palmítico y esteárico) con un elevado punto de fusión y baja inhibición microbiana. Los resultados en producción láctea y % de grasa de la leche son muy variables (aleatorios) debido a su baja digestibilidad.
- Sales cálcicas de Ácidos Grasos
La protección de los ácidos grasos se realiza a través de una saponificación con calcio. El resultado, como también hemos visto anteriormente, es una grasa inerte a nivel de rumen que no afecta a la fermentación bacteriana y se digiere muy bien a nivel intestinal, previa hidrólisis en abomaso. Además, posee una alta palatabilidad y se aglomera muy bien con granos y forraje (ensilados o henos) de tamaño fino.
CONCLUSIÓN
El suministro de grasas protegidas es apropiado para vacas de alta producción o al inicio de la lactación, cuando la ración tradicional no proporciona suficiente energía para sostener la producción, la condición corporal del animal y su eficiencia reproductiva. Sin embargo, para un uso eficaz del suplemento graso debe calcularse el costo por unidad de energía de dicho suplemento.
En los últimos años se ha desarrollado la tecnología necesaria para incluir ácidos grasos poliinsaturados tipo omega en la manufactura de los jabones cálcicos. Esta estrategia es la única que permite suplementar de manera eficaz dichos compuestos en la alimentación de rumiantes (Thatcher, 2008).
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